Las sociedades humanas se caracterizan, entre otros aspectos, porque el
trabajo constituye uno de los pilares básicos de las mismas. De él depende la
obtención de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades de los
individuos, al tiempo que genera progreso y desarrollo.
En los primeros tiempos de la aparición del género humano, hace más de dos millones de años, el trabajo se reducía a las labores de recolección de frutos directamente de la naturaleza y a la caza de especies animales.
Será en el período Neolítico, hace 10.000 a. C , con el descubrimiento por parte del hombre de la agricultura y la ganadería, cuando el trabajo gane en complejidad, desarrollándose una creciente división de las actividades económicas.
Para un mejor estudio de las actividades humanas relacionadas con el trabajo, tradicionalmente se han clasificado estas actividades en tres sectores:
1/ Primario (agricultura, ganadería, pesca y minería)

2/ Secundario (industria y construcción)
3/ Terciario (servicios).
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